lunes, 21 de marzo de 2011

¡¡Piratas!! XI y X





Capítulo 10: Sigue a tu corazón

El muchacho rubio se movía con una destreza difícil de igualar, su cuerpo actuaba con la flexibilidad de un junco mecido por el viento pero la fuerza de un potente árbol, el hermoso sable de empuñadura carmesí que sostenía entre sus dedos parecía una extensión de su hábil brazo, su atuendo, compuesto por un ajustado pantalón negro, unas botas de cuero marrones y una camisa blanca sujeta por un fajín púrpura y dos brazaletes de cuero negros, unidos al pañuelo también negro atado a la cabeza para mantener en su lugar la larga melena dorada, terminaban de darle un aspecto hermoso e imponente, su sombrero yacía olvidado en el suelo por lo que a punto estuvo de ser pisado cuando los cuatro hombres se lanzaron hacia él, sin embargo no constituían un gran reto por lo que saltó ágilmente cercenando el cuello de uno de ellos al describir un arco circular con su sable tomando impulso así, para parar la estocada de su compañero al que rápidamente arrebató el arma ensartándolo en ella, a pesar de sus esfuerzos sus enemigos se reagrupaban por lo que tomando en una mano su propio sable y en la otra la cimitarra que le había arrebatado a uno de sus oponentes se dispuso a hacerles frente en solitario, o al menos fue en solitario hasta que una alta figura negra se situó a su lado con una pistola y un sable militar en ambas manos, el sujeto retiró su capa dejando libre el largo cabello lacio y negro que había tomado costumbre de llevar suelto, con sus ojos de azabache miró a los también oscuros del muchacho y ambos se sonrieron tratando de apreciar los cambios que habían sufrido en aquellos meses en tan solo una mirada. Tras reconocerse avanzaron hacia sus enemigos rápidamente describiendo hábiles estrategias de esgrima, arte en la cual ambos despuntaban, el moreno lazó la primera estocada mortal impidiendo que el compañero del hombre con el cual su amigo mantenía lucha hiciera daño al susodicho rubio que a su vez, agachándose rápidamente envió un fuerte sablazo circular horizontal abatiendo a tres hombres de un solo golpe, era indudable que a ambos compañeros les habían instruido auténticos maestros del arte de la espada, aunque sin duda alguna debían de tener una larga tradición de espadachines entre sus antepasados, de nuevo el más alto de ambos paró un ataque dirigido a su compañero sin embargo eso le hizo descuidar su retaguardia provocando que recibiera un fuerte golpe en su brazo, pero eso no detenía a alguien de su nivel, por lo que sobreponiéndose al dolor sujeto la hoja que le había herido con la otra mano soltando su propio sable y asestó un fuerte golpe con el puño cerrado goteante de sangre que rompió la mandíbula del que había osado tocarle, cuando el cuerpo de su enemigo tocó el suelo su compañero, el joven rubio acabó con la vida de su último contrincante, y se volvió hacia él con una sonrisa, esperando que hablara, y así lo hizo.
-Estás hermoso de cualquier manera pero te prefiero con vestido.-
Hizaki recogió su sombrero del suelo poniéndoselo con una sonrisa, mientras sentía como Asagi se lo calaba, entonces reparó en el atuendo del moreno, un pantalón de civil de cuero negro con sus antiguas botas militares un poco más ajadas que unos meses antes, una camisa negra amplia sujeta por un chaleco de cuero y la cruz de plata que le había regalado, estaba imponente y muy atractivo, de eso no había la menor duda, sin embargo echaba de menos una cosa.
-Sin uniforme te ves menos tú.-
El Sakurai rió acompañando a su princesa fuera de la taberna que acababan de destrozar, era otra hermosa puesta de sol en el Arrecife del León.
Cuando ambos se sentaron juntos en el muelle para observar los últimos rayos de sol el rubio apoyó su cabeza en el fuerte hombro del moreno que a su vez le rodeó la cintura, Hizaki cerró los ojos recordando lo que había ocurrido unos meses antes y se tocó la espalda doliéndose aún de los latigazos que había recibido, que en aquel momento se habían curado en su mayoría aunque las delgadas cicatrices perduraban.

Se quedó mirando al horizonte hasta mucho después de que la barca partiera, pero de pronto su calma se vio interrumpida por los ruidos de los hombres del pirata moreno que lo habrían de llevar de vuelta al Versailles, estos le miraron furiosos sabiendo que se había llevado a su prisionero, sin embargo no se resistió cuando lo llevaron ante su hermano, sabía que había hecho lo correcto haciendo caso a su corazón pero eso no evitó que le doliera la mirada de decepción que vio en los ojos de hielo cuando le abrieron la espalda del camisón, y la voz de su capitán sonó más dura que nunca cuando decretó su castigo, ya lo había esperado aunque no por eso los treinta latigazos dolieron menos, cuando el primero amorató su piel apretó los dientes con todas sus fuerzas, sin embargo al quinto no fue capaz de contener los gemidos de dolor mientras la dura cuerda de cuero rasgaba su blanca piel y al decimoquinto comenzó a chillar notando la sangre escurrir mojando su ropa, inútilmente se aferraba a las cuerdas a las que había sido atado tratando de aplacar el dolor, la sangre manaba a borbotones de las múltiples heridas abiertas, sin fuerzas cayó de rodillas sin que por ello su hermano, quien le azotaba personalmente, dejara de castigarlo, las lágrimas escurrían por su cara dado el inmenso dolor que sentía en su espalda, era como si le estuvieran clavando hierros candentes con cada golpe, cuando por fin llegó el treinta fue desatado y arrastrado hasta su camarote, sabía que era un privilegio poder dormir en su cama pese a su castigo, una vez que lo arrojaron temblando sobre el lecho su hermano mayor caminó hasta él siendo seguido por Jasmine que lo miró con tristeza y determinación brillando en sus pupilas castañas a partes iguales, Kamijo se acercó sentándose sobre el colchón a su lado mientras que el de hermosos y suaves rizos cobrizos le acariciaba el cabello como si tratara de calmarlo, entonces el mayor habló.
-No entiendo por qué lo has hecho princesa, pero creo que si tu entiendes por qué lo he hecho yo.-
Con la voz rota por los gritos Hizaki asintió, aunque el hecho de entender las razones de su hermano no lo hacía más llevadero.
-Los líderes deben dar ejemplo.-
Con gesto apenado Jasmine se levantó yendo en busca de los utensilios necesarios para curar las heridas de su hermano dejando, de ese modo al mayor y al pequeño a solas como era el deseo de Kamijo que tenía la intención de comprender el por qué de la reacción de la princesa de tal modo que se sentó cerca de él tomando el lugar de su hermano mediano a la hora de acariciar los rizos del bello doncel rubio.
-Me gustaría que me explicaras por qué lo hiciste.-
Hizaki tomó aire sin tener ni idea de cómo explicar lo que le había ocurrido, trató de elegir las palabras de la forma más adecuada, sin embargo no se le ocurría la forma, cuando miró los brillantes pupilas azules de su hermano mayor supo que no toleraría la mentira.
-Yo… no, no sé cómo explicarlo.-
Kamijo le miró con las pupilas brillando de furia y se levantó en un gesto airado, no le había gustado el extraño tinte de emoción que había en la voz de su hermano pequeño, aunque no conseguía como identificarlo, suspiró saliendo del cuarto, sabía que necesitaba calmarse y que solo Kaya podría hacerlo, por lo que se fue a buscarlo. Cuando el portazo resonó en el camarote una lágrima se desprendió de los ojos oscuros de Hizaki que sintió una amarga tristeza, el desprecio de su hermano le había hecho daño.
Kamijo caminó hasta el cuarto de su bello amante embarazado y toda su furia se borró de un plumazo cuando observó el gesto tierno con que el hermoso doncel acariciaba su tripita que pronto comenzaría a formarse mientras tarareaba una hermosa melodía moviendo sus pies desnudos en el aire al compás de la misma, su cuerpo apenas estaba cubierto por una yukata floreada, había dejado suelto su cabello que en los últimos meses había crecido hasta un poco por debajo de los hombros, aunque procuraba recortarlo cuando amenazaba con sobrepasar la largura que rodeaba su cara, le gustaba conservar su aspecto siempre tierno y hermoso, a pesar de todo ese era el único gesto de vanidad que se permitía, había cosas más importantes. Le colocó la mano en el hombro para hacerle notar su presencia, mientras que el de brillantes ojos cobalto y cabellos de platino se dejaba acariciar en la espalda con una sonrisa, al cabo de un rato el hermoso doncel observó como su capitán se arrodillaba frente a él comenzando a acariciar sus pies en un delicado y delicioso masaje que le hizo cerrar los ojos por el placer y el alivio que comenzaba a sentir, alivio pues la tensión que se había acumulado en sus extremidades acompañando al principio de las molestias abdominales, pronto su tripita se haría más grande puesto que estaba en el cuarto mes, cuando Kamijo terminó de acariciar la planta de sus pies se tumbó a su lado apoyando con cuidado la cabeza sobre el vientre que guardaba a sus hijos sintiendo como los finos dedos de su amor jugaban con sus mechones castaños y ondulados, casi reprimió un suspiro tratando de que Kaya no se diera cuenta, pero el hermoso doncel oía mejor de lo que esperaba, y no pudo negarle la explicación que el joven esperaba.
-Es por Hizaki-hime, no sé lo que le ocurre, desde que Atsushi lo sacó de la casa del tal Asagi ha estado extraño, ayer por la noche lo ayudó a escapar, y cuando le pedí explicaciones hace un rato dijo que no sabía por qué lo había hecho, no lo comprendo Kaya, pese a lo caprichoso e incluso molesto que ha sido siempre nunca había hecho nada semejante, siempre ha sabido cuando dejar de molestar y ponerse serio, cuando pensar con la cabeza, y ahora parece que su lado racional se ha ido de paseo.-
Kaya retiró con cuidado el flequillo castaño de la blanca frente de su apuesto amante para ver con claridad sus brillantes ojos claros mientras trataba de elegir las palabras adecuadas para no perturbar el voluble carácter que el de rizos castaños estaba exhibiendo, era como si el capitán estuviera sufriendo los efectos de las hormonas del embarazo.
-Tal vez Hizaki-hime solo está confuso por algo que le dice su corazón.-
-¿¿Su corazón??-
-Bueno Hiza-chan es un doncel que ya tiene una edad apropiada para comenzar a tener sentimientos por hombres, supongo que hace años que tiene el periodo de celo, tal vez solo se sintió algo atraído por el moreno a causa de uno de esos periodos.-
-¿Quieres decir que mi pequeña princesa siente deseos de tener amantes?-
-Va… bueno, ya te he dicho que es normal, además no vivió reprimido como yo, se educó en un entorno en el que se le respetaba y no tenía ningún tipo de limitaciones, en un principio, antes de conocerte y enamorarme, me atrajiste porque representabas un cambio en mi vida, aunque no me gustaba como nos tratabas a Emiru y a mí, eras la libertad en un mundo en el que no tenía derechos, creo que para Hiza-chan es justo al revés, siempre ha sido libre y Asagi le pone límites y lo controla quitándole la responsabilidad de ocuparse de su vida, créeme, se lo que es encontrarte de pronto con el peso de toda tu responsabilidad y el alivio que supone no tener que ocuparte de eso.-
-Yo siempre he sido autosuficiente y nunca he visto la necesidad de ser protegido por nadie.-
-Eso es porque eres un varón, no tienes ni idea de lo que significa ser doncel y saber siempre que no eres libre a causa de tu fertilidad.-
-Supongo que tienes razón, pero eso no evita que haya desobedecido mis órdenes ni cambia el hecho de que no me gusta ese hombre para él, es demasiado viejo.-
Kamijo finalizó su frase con un puchero enfurruñado que lo hacía parecer infantil ante la mirada divertida de su amante que esbozó su bella sonrisa.
-Tú también eres demasiado viejo para mí, según ese planteamiento.-
-¿Estás empeñado en llevarme la contraria?-
-Creí que no te habías dado cuenta.-
Ambos rieron tumbándose en el lecho uno junto al otro, el mal humor se había evaporado sin duda gracias al hermoso Kaya. Jasmine observó con tristeza la mueca de su hermano mientras el orgulloso doncel rubio trataba de contener las lágrimas, el bello moreno de rizos cobrizos sabía que le estaba haciendo daño al frotar fuertemente sus heridas con un cepillo de cerdas duras, pero también sabía que era la única manera de evitar que se le infectaran, cuando terminó aplicó un ungüento a base de miel, hierbas y barro que poseía un extraño color amarronado salpicado de motitas con todas las variantes de tonalidades de verde y rojo, su olor no era muy agradable sin embargo impediría que funcionara desinfectando los rasguñones que cubrían la espalda de Hizaki, después vendó su torso con unos delicados paños de lino que habían conseguido tras atacar un anticuado galeón egipcio, al terminar dio un suave beso en la frente de su hermano limpiándole las lágrimas y arropándolo bien con las mantas, luego salió del cuarto yendo en dirección a su propio camarote donde Yuki se ponía cómodo sobre una de las tres butacas de tapicería violeta que flanqueaban su lecho esperándole, al abrir la puerta Jasmine rió observando a su amante despatarrado sobre uno de los asientos mientras trataba de quitarse las botas sin levantarse, apenas tenían un momento antes de zarpar de nuevo por lo que quería aprovecharlo para estar con su amado doncel que en aquel mismo instante apoyó la suela de su bota en su cadera estirando hasta conseguir retirársela, repitió la acción una segunda vez y se sentó en su regazo sonriendo al sentir las caricias que el duro contramaestre repartía en sus cabellos y en su piel haciéndole sentir el ser más hermoso y querido del mundo, sin duda alguna Yuki sabía usar sus largos dedos a la perfección, no solo para encender su pasión sino para transmitirle con cada uno de los gestos el amor que le tenía, mientras él, el propio Jasmine solo podía cerrar dejándose llevar por su amado. El silencio cómplice se adueñó de la habitación cuando uno los dos ocupantes se durmió en brazos del otro, el moreno de brillante cabellos negros no podía despegar su mirada de las finas líneas que componían la cara del doncel de belleza irreal, sabía que lo amaba y simplemente daría su todo por el si fuera necesario, con mucho cuidado rozó sus labios con los de su superior simulando con su toque la suavidad del vuelo de una mariposa, después tomó el cuerpo curvilíneo entre sus brazos caminando hasta la cama en el mayor silencio posible, lo depositó sobre el colchón y salió del cuarto para dirigir las maniobras de partida, mientras tanto entre las sábanas de seda semitransparente Jasmine se encogió extrañando el calor que Yuki tenía costumbre de proporcionarle con cada uno de sus gestos, ante su movimiento las vaporosas cortinas lilas revolotearon sobre su cara haciendo titilar las sombras que le sol creaba sobre su piel sin que el joven se inmutara, cuando el movimiento de las suaves telas terminó, Jasmine seguía tan dormido como unos segundos antes.
Yuki caminó por la cubierta viendo sorprendido como Teru y Juka trabajaban con sus hombres girando la rueda del ancla para subirla, se acercó al de cabellos plateados pero antes de llegar a donde estaban pudo observar los grilletes que unían los tobillos derechos de ambos al poste que estaban girando, al parecer el capitán les había encontrado utilidad práctica, se volvió comenzando a dar órdenes para que fueran desplegadas las velas, al cabo de un rato su amigo Kamijo salió de su propio camarote colocándose junto a Kalm, el timonel para indicarle rumbo a seguir, enfrente de ellos se abría el camino a las Indias Orientales repletas de barcos mercantes cargados de sedas, especias y objetos exóticos de incalculable valor, además de que el mar de China ofrecía numerosas posibilidades de lucha y dominación ya que no había tanta superpoblación de piratas y corsarios como en el Atlántico. Cuando el barco comenzó a moverse el capitán hizo un gesto en dirección al navío de Sakurai, que también iba en aquella dirección, Atsushi suspiró sonriendo y contestando al gesto de Kamijo, iba en dirección a su esposo y sus hijos, casi no podía esperar a tener al hermoso embarazado entre sus brazos. En el punto al que tanto el Capitán Sakurai como el Capitán L’Espanaye se dirigían la bruma impedía que se viera la luz del amanecer, aunque eso no importó a los marineros que comenzaron a poner en facha el Metamorphoze largando las velas y limpiando la cubierta, a su lado el Dix Inferno era comandado por su legítimo capitán ya que Klaha que había suplicado a su hermano que dejara libre a Mana para que se hiciera cargo del mortífero barco japonés, mientras que él trataba de aprender todo lo posible del hábil moreno que además, se había llevado consigo a Közi para deleite del mediano de los hijos del legendario Hayashi Yoshiki, mientras tanto su madre, el ya nombrado pirata rubio salía a la cubierta de su hijo mayor con el pequeño recién nacido, ya era hora de que el diminuto Miyavi conociera el mar, tomando fuertemente al bebé entre sus brazos lo colocó sobre la baranda del casco para que el niño observara con sus ojos azabaches el apagado azul del mar de aquella zona que sin embargo emocionó al recién nacido que comenzó a emitir incomprensibles balbuceos señalando el agua y las formas que se movían bajo ella con sus diminutos deditos a la vez que agitaba los piececitos cubiertos por patucos de algodón para protegerlos del frío viento que a ratos azotaba a los marineros que hacían moverse aquellos barcos, los patucos que habían sido tejidos por Imai, que secretamente disfrutaba con aquella práctica tan poco acorde con su imponente aspecto de hombre duro y sin sentimientos, combinaban a la perfección por su color azulado con el kimono de bebé con nubes blancas sobre un fondo de color cielo, dado que su pelito apenas había crecido llevaba un gorrito a juego con los patucos que no impedía que mirara a su alrededor con aquellos enormes ojos negros llenos de curiosidad haciendo que Yoshiki estuviera seguro de que si su pequeño tuviera la capacidad de hablar no pararía de hacerlo. Al cabo de un rato el bebé comenzó a llorar desconsoladamente, aunque su llanto no duró mucho ya que casi de inmediato su mamá retiró la parte de arriba de su yukata rosada para darle pleno acceso a sus tetillas repletas de alimento.
A su lado los marineros retiraron la mirada avergonzados por los deseos que el rubio despertaba en ellos con su comportamiento despreocupado y es que el embarazo le había dado un aspecto aún más radiante que de costumbre y una mirada que brillaba bellamente llamando la atención a todos los que se hallaban a su lado, Gackt enternecido por las acciones de su madre se acercó con una sonrisa acariciando la manita de su hermano que ignorándolo, continuó bebiendo la dulce leche que su progenitor le ofrecía, cuando vio a su hijo mayor acercarse y acariciar a Miyavi no pudo menos que acordarse de cuando era el de ojos castaños el que estaba en sus brazos, casi no podía darse cuenta de que habían pasado diecisiete años, casi dieciocho, sus pequeños eran casi adultos, entonces suspiró viendo el hombre en que Gackt se había convertido, era tan parecido a su padre, y no podía evitar sentirse orgulloso del trabajo que tanto Atsushi como él habían realizado, no habían sido tan malos padres al fin y al cabo. El joven de cabellos y ojos castaños al ver la mirada perdida de su madre no pudo menos que imitarle al imaginar los bebes que podría tener con Mana, con el cabello castaño y los ojos negros de su mami o por el contrario con el cabello negro del bello doncel y sus ojos cobrizos aunque tampoco le importaría tener pequeñas copias de Mana correteando por aquí y por allá, lo cierto es que le apetecía tener niñas o donceles más que muchachos, sonrió imaginando a su bello amante con tripita, entonces lo vio dando órdenes de forma casi silenciosa siendo acatado de inmediato, lo cierto era que el joven moreno imponía mucho más que él mismo puesto que tan solo con un gesto o un susurro ya era obedecido, miró la hermosa figura ataviada con un sencillo vestido negro moverse por aquí y por allá en su cubierta repartiendo mandatos hasta que con muchas dificultades consiguieron sacar los dos barcos de las Islas de la Trinidad, una vez volvieron a estar en mar abierto se pusieron en camino del cabo del Erial de los Ángeles donde se aprovisionarían, no estaban muy lejos por lo que pronto avistaron las playas desiertas y kilométricas que lo componían, el puerto uno de los pocos que los piratas respetaban, entonces Yoshiki decidió bajar en una de las barcas para bañarse con su pequeño en las cálidas aguas de brillante color cobalto, se deslizó hasta el agua desnudo acompañado por Mana y Klaha que chapotearon con el delicado Miyavi enseñándolo a nadar pero por supuesto con cuidado para evitar cualquier peligro. Ciertamente no estuvieron mucho tiempo más en el agua pronto sería la hora de comer de los mayores.

Atsushi observó el delicioso plato que Toshi había preparado sorprendido ante la versatilidad del segundo de su amor, el moreno de cortos cabellos se había visto obligado a meterse entre fogones ya que el cocinero había resultado herido en la incursión, lo cierto era que Deyama no sabía cocinar muchos platos pero bordaba los tallarines fritos con verduras, era una de las pocas cosas que su madre había sabido cocinar sin quemar y de las que se había alimentado en sus primeros años, la vida de un niño pequeño en un puticlub no era fácil pero su progenitora siempre se había esforzado por otorgarle la mayor calidad de vida posible, pero su muerte por culpa de la sífilis no le había dejado en muy buena posición, la mayor parte de las prostitutas no querían encargarse de otra boca más que alimentar, aunque la abuela, una anciana que tenía fama de bruja en el pueblucho pero que solía ayudar a su mamá de vez en cuando, se había encargado de él enseñándole todo lo que sabía hasta que lastimosamente ella también había fallecido, entonces sí que se había quedado solo en el mundo, pero se había negado a quedarse en aquella aldea dejada de la mano de dios en la que nadie le quería, en la que a nadie importaba, por lo que una noche, había robado un pequeño pesquero haciéndose a la mar, alimentándose del pescado crudo que pescaba, después había llegado el día, una terrible tormenta se había abatido sobre él destruyendo el pequeño barco y lanzándolo al mar, unos pocos días después su cuerpo casi ahogado había aparecido en las playas de un puerto inglés que los piratas comandados por la Capitana Hayashi estaban saqueando, entonces un muchacho con aspecto de niña se había encontrado con él obligándole a usar una espada para defenderse de él, sin embargo jamás había empleado un arma semejante por lo que su oponente simplemente sonrió cuando lo desarmo haciéndole quedar como un idiota, pero aquel día por primera vez en su vida el destino estaba de su parte ya que el muchacho tras darle un beso en los labios le había arrastrado hasta el barco de su madre donde, tras unos cuantos meses de entrenamiento, se había convertido en su protector. Atsushi le puso una mano en el hombro para hacer que su mente regresara a la realidad después de que se perdiera en los recuerdos, sonrió sin decirle que él había sido el primero en besar a Yoshiki aunque fuera el otro moreno el dueño del corazón del rubio, el se conformaba por tener un lugar en el corazón de su capitán aunque no fuera el principal, cuando todos alzaron sus copas no retiró su sonrisa, siempre había sido de la opinión de que si realmente amabas a alguien lo mejor que podías hacer por él, la mayor prueba de amor, era dejarle ser feliz, aunque fuera con otra persona.

Hizaki despertó cuando el sol le dio directamente en el rostro, a juzgar por el sonido que hizo su estómago cuando se movió debía pasar del mediodía, llevaba más de dos días allí tumbado sin salir de la habitación como castigo por lo que cuando se dio cuenta de que ese día si podría escapar de aquellas cuatro paredes, se levantó tratando de no moverse mucho para no dañarse la espalda más de lo que ya la tenía y tras vestirse con un cómodo kimono con flores verdes sobre un fondo anaranjado y rojo claro que ató apenas con un delgado cinturón verde oscuro caminó descalzo hasta la cubierta, una vez allí observó como Yuki se llevaba a Teru y Juka de vuelta a los calabozos, sin embargo hizo parar al moreno pidiendo permiso a su hermano para hablar con el de brillantes ojos cobalto, Kamijo se acercó a él mirándole a los ojos, en las pupilas de hielo ya no había ni rastro de decepción ni de ningún otro tipo de sentimiento negativo, abrazó a su pequeña princesa rubia que pronto sería toda una reina y dándole un beso en la frente le dio permiso para hablar con la pulga incordiona de Teru, este fue arrastrado por la princesa hasta su camarote, una vez allí soltó los grilletes que unían los pies de prisionero y lo hizo sentar en la silla de corte francés con tapicería de flores que había frente a su cama, donde él se sentó, sin saber muy bien que decir los dos jóvenes se miraron en silencio hasta que el rubio lo rompió con un suspiro antes de hablar.
-Yo… yo no sé cómo explicar lo que siento, el otro día besé a Asagi cuando lo ayudé a escapar, pero ahora, cuando te he visto he sentido que no puedo cerrar los ojos y olvidarme de ti, porque cuando lo hago siempre apareces en mi mente.-
Teru examinó el gesto compungido de la cara de la princesa, era tan bello… y sabía que aunque doliera no podía dejar de amar al hermoso doncel que le miraba triste esperando una respuesta, y solo podía darle la que llevaba guardando en su corazón toda la vida.
-Te amo Hizaki, solo necesito saber que tú me correspondes, aunque no sea con todo tu corazón, solo con la mitad de él seré feliz.-
La princesa se echó a llorar emocionado al escuchar aquellas palabras y se lanzó a los brazos de su prisionero, antiguo captor, fundieron sus labios pegando sus cuerpos, abrazándose con pasión, deseando ser uno solo, el de cabellos bicolor soltó el kimono de su amor sintiendo como el harapo que se suponía era su camisa era arrancado, en ese instante alzó al rubio entre sus brazos conduciéndole hasta la cama donde con mucho cuidado para no dañar su espalda más de lo que ya estaba, lo tumbó, luego él mismo se quitó los pantalones mostrando su fuerte cuerpo blanco, con sus manos ligeramente rasposas por el trabajo acarició los muslos de su amor causándole escalofríos mientas con los labios recorría su cuello oyendo los deliciosos y excitantes gemidos que terminaron de despertar su miembro, abandonó los muslos subiendo hacia las nalgas, con una acarició el pene de Hizaki mientras con la otra preparaba su entrada ya húmeda, el de largos rizos de oro sentía que todo aquello era muy rápido, sin embargo sabía que no podía echarse atrás, amaba al hombre que en aquellos momentos besaba su pecho e introducía los dedos en su interior y confiaba en él, sabía que Teru no le haría daño, por lo que lo agarró por los hombros obligándolo a sentarse en el lecho y dándole un profundo y apasionado beso, se sentó sobre él en un giro pasional que encantó al joven que lo miró a los ojos, las pupilas negras de Hizaki tenían un brillo de lujuria que lo hizo descontrolarse. Con lentitud dado el miedo que tenía de dañarlo, comenzó a invadir la cavidad virgen del doncel que gritó de dolor ante la invasión, el amiguito de Teru era más grande de lo que se suponía, hundió sus uñas en la espalda del de los ojos cobalto aplacando el dolor y poco a poco este comenzó a remitir, cuando se consideró listo, el doncel comenzó a impulsarse con sus rodillas hacia arriba y hacia abajo casi gritando al sentir la fricción en su interior, dado que era su primera vez no duró mucho, e inmediatamente después de que la punta del grueso y duro pene de Teru rozara su próstata se corrió entre los dos vientres apretando inconscientemente su ano logrando que el propio Teru llenara su interior, agotados descansaron el uno sobre el otro hasta que recuperaron el aliento, entonces se miraron a los ojos, ambos sabían lo que pasaba por la mente de cada uno, pero era algo que debían hacer, se lavaron el uno al otro rápidamente mientras el de sonrisa de niño ayudaba a vestirse a su amado, suspiró antes de correr a la cocina a por las provisiones que el otro necesitaría, mientras tanto Hizaki-hime preparó una pequeña embarcación tratando de hacer el menor ruido posible, en aquel momento serían los cambios de guardia por lo que no había nadie en cubierta, cuando Teru subió dejó la bolsa con la comida sobre el casco de la pequeña embarcación y abrazó al que se había llevad su primera vez, ambos se besaron apasionadamente.
-No tardes mi amor.-
-Pase lo que pase, nunca olvides que te amo Teru, te amo.-
-Lo sé mi pequeña princesa, ahora vete, sé que es lo que tu corazón necesita.-
Hizaki se subió a la barca colocando una muda de ropa que era lo último que le faltaba, mientras tanto el de ojos azules deslizó las cuerdas bajando a su amor hasta el agua, cuando el bote tocó la superficie azulada se oyó un fuerte ruido que hizo salir a los marineros a ver qué era lo que ocurría para que se oyeran aquellos chapoteos.
Kamijo sonreía satisfecho oyendo los gemidos y gritos de su hermano mientras era poseído por Teru en su camarote, había dejado que se vieran por aquella precisa razón. Kaya miraba incrédulo aún el anillo con un rubí engastado en platino que el capitán del Versailles le había regalado al pedirle la mano, había sido una pedida hermosa y memorable, el de rizos castaños le había ofrecido una rosa en cuyo centro estaba el anillo y con suaves palabras en francés le había susurrado al oído la frase de pedida a la que él había respondido en el mismo idioma a pesar de que su francés era bastante malo, sin embargo aquello había parecido complacer a su amado que en aquel momento se reía con una mueca psicópata que daba miedo.
-¿Por qué te ríes así?-
-Oh, mi plan ha salido de maravilla.-
-¿Tu plan?-
-Sí, he dejado que Hiza-chan viera a Teru porque sabía que ocurriría esto.-
-¿Sabías que se acostarían? Pensé que eso te disgustaría, ¿no es Teru uno de tus enemigos?-
-Sí, lo sabía y no me disgusta porque la otra alternativa es realmente mi enemigo, Teru es solo el mal menor.-
Kaya negó con la cabeza al ver la mueca calculadora que el de ojos de hielo exhibía.
-Puede que no me creas cuando te digo esto pero no puedes controlar los sentimientos de tu hermano, sería mejor que lo aceptaras ahora antes de decepcionarte…-
El bello embarazado estaba a punto de continuar hablando cuando un fuerte golpe resonó fuera del camarote, era como si alguien hubiera lanzado un bote, pero nadie había dado la orden, la pareja salió corriendo de su cuarto tal y como hicieron los marineros y lo que vieron les dejó anonadados, al menos a Kamijo, su hermano montado en el eslabón perdido entre el barco y el bote comenzaba a remar hacia babor, mientras Teru, el que al parecer lo había dejado marchar, corría subiéndose al bauprés para verle partir, el capitán se acercó a la baranda de proa siendo seguido por su prometido que le puso una mano en el brazo.
-No te diré que te lo advertí, aunque creo que debes darte cuenta de una cosa y es que es indudable que Teru representa su amor infantil, despreocupado y tierno, mientras Asagi es el amor adulto, doloroso y comprometido, no puedes cambiar el corazón de tu hermano, Yuuji, la princesa tiene un corazón tan grande que no puede ser llenado por un solo hombre, debes comprenderlo para dejarlo ser feliz.-
Kaya acarició la espalda de su futuro esposo apoyándose en él con un gesto frágil que subyugó al capitán de la más bella fragata de la historia de Francia, este suspiró viendo como la pequeña embarcación en la que iba Hizaki se alejaba con las últimas luces del día, probablemente llegaría a su destino dentro de unas cuantas semanas, para entonces el de cabellos de platino ya tendría barriguita.

Cuando sintió los brazos fuertes rodeando su cuerpo aún tembloroso por los recuerdos, respiró en paz, se sentía tranquilo y completo, calmado y a salvo, apoyó su cabeza en el hombro acariciando los lacios mechones del color del carbón, cuando miró al horizonte ya oscurecido echó de menos los ojos cobalto que se habían llevado su virginidad, sabía que los necesitaba a ambos, en ese momento solo una parte de su corazón estaba llena, pero tenía miedo, miedo de perderlos, se acurrucó un poco más contra el pecho fornido por el ejercicio del antiguo contralmirante y pronunció las palabras que llevaban ardiéndole en la garganta durante más tiempo del que podía contar, desde que los había conocido a ambos se había dado cuenta de que en algún día tendría que pronunciarlas en una situación como aquella, aunque nunca lo había reconocido antes sí mismo, y entonces las dejó ir.
-Solo no me dejes mi amor.-








Capítulo 11: La tormenta perfecta I

Kaya se sujetó el vientre llorando de emoción cuando sintió la primera patadita de los bebés y se sentó como pudo en la cubierta, después soltó el obi dejando que la yukata se abriera ligeramente, lo suficiente como para poder tocar directamente su propia piel notando más cerca los suaves golpecitos en el borde de su abultado vientre, se limpió las lágrimas solo para sentir como nuevas tomaban su lugar, mojando su cara de nuevo, mientras tanto a su alrededor los marineros no podían evitar girar su cara para observar al hermoso doncel cuyo embarazo solo conseguía hacerle ver más especial y hermoso, al cabo de un rato se acercó a él Jasmine con una sonrisa radiante arrodillándose a su lado, le agarró los suaves dedos con delicadeza para retirar su mano para poder acariciar él mismo la suave piel en un gesto de ternura que llenó de emoción tanto al bello doncel rubio como a Yuki que observa a su amor con una sonrisa, Jasmine sintió que se emocionaba al notar las pataditas de aquellos piececitos diminutos, después ayudó al embarazado a levantarse, sujetando la yukata para que no se le abriera, evitando así, que mostrara su desnudez, lo condujo suavemente hasta la proa hasta llegar casi a la altura en que el moco estaba atado al bauprés, ambos se sentaron en la baranda bien sujetos a los cabos para no caerse, dejaron sus pies colgar sintiendo las salpicaduras de agua salada mojándolos y refrescándolos, rieron sintiendo el viento hacerles cosquillas mientras el hermoso joven de rizos cobrizos pasaba su brazo izquierdo por encima del hombro del prometido de su hermano, adoraba a aquel bello rubio de ojos cobalto que había conseguido ganarse con su dulzura el corazón de Kamijo.
-¿Sabéis ya que nombre vais a poner a los pequeños cuando nazcan?-
Kaya le miró con la sorpresa brillando en sus ojos, lo cierto era que ni Kamijo ni él se lo habían planteado aún.
-Pues todavía no lo hemos pensado, aunque supongo que sería algún nombre francés, pero claro depende de si son niños o niñas.-
Jasmine asintió sabiendo que el hermoso joven embarazado tenía razón, aunque ya tenía algo en mente para sorprender a su hermano, era lo menos que podían hacer recordando el apego que había tenido por su madre cuando había sido un niño, de hecho era un buen tributo a la mujer que lo había cuidado pese a que era el hijo de la amante de su marido, la mujer siempre había sido un ángel para él y se lo merecía. Por un único segundo el hermoso doncel de ojos de chocolate comenzó a pensar en lo que le había cuidado tras la pronta y repentina muerte de su madre, él siempre se había sentido solo cada vez que Jade se marchaba en alguna misión para su padre, François Kamijo pero al saber que iba a volver se consolaba, aunque también ayudaba la presencia de su hermano mayor, pero una vez que la bella Jade de mirada verdosa falleció fue la verdadera señora Kamijo quien, con sus largo cabello castaño y sus ojos melancólicos pero valientes, se ocupó de él como si fuera el fruto de su propio vientre. Suspiró dándose cuenta de que había dejado de lado a Kaya que lo miraba con la curiosidad reflejada en sus ojos azul cielo, le colocó la mano en el brazo con un cariñoso gesto y sonrió.
-Perdóname Kaya me he perdido en los recuerdos, creo que si hay una niña deberás llamarla Laura, pero no le digas a Kami que te he dicho nada, haz como que ha sido idea tuya.-
El hermoso jovencito sonrió, aquel nombre sonaba muy hermoso, le gustaba, aunque no había entendido muy bien por qué había dicho aquello su acompañante.
-¿Por qué dices eso?-
-Laura era el nombre de su madre, la quería mucho porque fue quien le crió, y a mí también, nuestro padre solía pasar largos periodos navegando en este barco y no tenía tiempo para nosotros.-
-¿Tú no eres hijo de la misma mamá que Kamijo?-
Kaya le miró asombrado, en el ambiente en que él se había criado reconocer que se era bastardo era una de las mayores vergüenzas a las que un joven podía exponerse, pero el fuerte doncel pirata en aquel momento lo miraba extrañado ignorando el mar profundamente azulado que parecía correr bajo sus pies, y es que para el de rizos castaños las relaciones extramatrimoniales eran perfectamente normales.
-No, mi madre era una sirvienta de Laura, se llamaba Jade porque tenía los ojos verdes, me habría gustado tenerlos de ese color y no oscuros como mi padre…-
Durante un momento se quedó en silencio sin saber muy bien que decir, como continuar, pero no tardó demasiado en hallar las palabras adecuadas de nuevo.
-…Ella era medio india medio española, ¿sabes? Según me contó, mi abuelo era un colono Leonés, por eso soy un poco más moreno que mis hermanos, aunque el cabello lo saqué de mi padre François, espero que mis pequeños sobrinitos también tengan el cabello rizado aunque me gustaría que tuvieran el cabello castaño como Kami y la sonrisa tan hermosa como la tuya.-
Kaya abrazó conmovido al que pronto sería su hermano mayor procurando no moverse en exceso para no caer por la borda, después el mayor acaricio su cabello a la altura de la nuca provocándole cosquillas y haciéndole reír, no pasó mucho antes de que la risa del bello joven de cabello castaño acompañara a la suya, sin embargo al cabo de un rato no pudieron seguir perdiendo el tiempo allí, ya que se internaban en una zona de corrientes y el viento estaba cambiando de fuerza, Kalm sostenía firmemente el timón con ayuda de Teru y Juka que sujetaban con fuerza la vela mayor moviéndola para que el viento no la desgarrara, el segundo de abordo llevó al embarazado al camarote del capitán para mantenerlo a salvo, después retornó a cubierta donde comenzó a guiar a los marineros que comenzaban a trepar por los cabos hasta las velas para afianzarlas, a su lado Yuki guiaba a los que sujetaban las mercancías en la bodega, un mínimo desprendimiento podría hacer que el barco volcara. En medio de la bruma que se había formado mientras se acercaban a las islas de la Trinidad Kamijo desplegó su catalejo tratando de reconocer entre las diversas formas, el navío del capitán Sakurai que iba muy por delante de ellos, sin embargo las olas le hacían imposible ver nada, en apenas unos minutos habían comenzado a inundar la cubierta.
-¡Achicad el agua!! ¡No dejéis que comience a inundarse el Versailles o moriremos todos!!-
Mientras tanto en el interior del camarote del capitán Kaya no podía dejar de llorar, metido en la cama tapado hasta la cabeza, se abrazaba el abultado vientre aterrado, nunca en toda su vida había pasado un miedo tan terrible, entonces la puerta se abrió y el joven sin ver nada chilló asustado, cuando el hombre lo destapó simplemente lo abrazó contra su camisa completamente empapada, los ojos castaños brillaron con fuerza cuando un relámpago iluminó el oscuro día cuyo cielo tenebroso parecía competir con la noche más cerrada, con cuidado le hizo soltar una mano de su vientre examinándolo él con gesto experto, al fin y al cabo era lo más parecido a un médico que había en aquel barco.
-Tranquilo Kaya, los bebés están bien, solo algo revueltos como su mamá, pero son fuertes y no les ocurrirá nada, el tiempo me ha enseñado que hace falta mucho más que una tormenta para quitar de en medio a un Kamijo, y ahí dentro hay al menos dos.-
-Gracias por venir Ryoushin, tenía mucho miedo.-
-En la bodega no tenía nada que hacer pero he recordado que era tu primera tormenta a bordo, la primera vez siempre es la peor, aún recuerdo la mía y te aseguro que no mantuve ni la mitad de aplomo que tu, de hecho creo que incluso manché mis pantalones.-
Kaya simplemente apoyó su rubia cabeza en el hombro del joven que comenzó a acariciar su tripa y su espalda a la vez logrando que poco a poco dejara de llorar recuperando la calma.
-¿Por qué eres tan amable? Hiza-chan dijo que habías tratado de matarle.-
Cuando Ryoushin suspiró tristemente, Kaya se arrepintió al instante de lo que acababa de decir, sin embargo el mayor comenzó a hablar exhibiendo un gesto resignado que nadie vio.
-No importa, es lógico que todos piensen eso de mi, todos lo hacen, lo han hecho siempre, supongo que tendré que empezar desde el principio. –
El joven tomó aire antes de continuar, estaba recordando cosas que hacía mucho que creía haber olvidado.
-Mi padre era un herrador de Manchester aunque por las tardes trabajaba en los astilleros, donde murió tras un ataque pirata, mi madre cosía para una dama de la alta sociedad que vivía en una gran casa al otro lado de la costa, en una zona algo alejada donde todos los ricos habitaban, pero eso no es importante, lo auténticamente importante es que pasábamos hambre, mi madre era explotada por aquella desgraciada incluso cuando perdió a su segundo hijo, y yo no lo podía consentir, o eso creía con mi mente infantil por lo que una noche entré a robar en la mansión con la mala fortuna de que el esposo volvía a casa tras varios meses en alta mar, pero era un buen hombre y me dejó ir con la condición de que me alistara, el capitán Nelson me cambió la vida, consiguió hacerme un hombre, aunque no un caballero.
El problema llegó cuando el Versailles atacó el puerto en que me hallaba destinado, parte de los escombros me atraparon pero un muchacho me salvó, cuando desperté Hizaki-hime me había curado, pero cuando supe lo que era no me pude contener, sabía que él no había matado a mi padre pero el odio era más fuerte que cualquier otra cosa y le disparé a bocajarro con su propia pistola, lo siguiente que recuerdo fue la tortura a la que Kamijo-sama me sometió, sin embargo Hizaki-sama intercedió por mi vida convirtiéndome en su sirviente. Supongo que aún te preguntarás por qué soy amable contigo ¿verdad? Resulta que con todo lo que ha pasado no sé si te acordarás, pero la primera vez que nos vimos me defendiste, entonces me caíste bien y eso no ha cambiado, además eres un doncel embarazado.-
Kaya le sonrió apretando su antebrazo tatuado, lo cierto era que el hombre realmente parecía una buena persona, y se sentía a salvo sabiendo que en la tripulación de su prometido había gente como él. Entonces, cuando la puerta se abrió dando paso a un Kamijo más que mojado, el joven inglés se levantó saludando con un gesto al capitán que le dio las gracias con un leve asentimiento, después el de ojos de hielo se acercó a su dulce amante con una sonrisa pues la tormenta había pasado y el barco estaba más o menos intacto, cuando llegó a su altura el doncel se lanzó a sus brazos susurrándole que tenía demasiado miedo, no solo por los bebés, sino también por él.
-Temía tanto perderte Kami, te amo tanto que no sé qué haría si murieras, no sé si podría criar a los pequeños yo solo mi amor.-
Kamijo lamentó, en ese momento más que nunca, el tener que atender las labores de un capitán, pues debería haber sido él quien consolara a su pequeño ángel y no Ryoushin, pero simplemente lo abrazó con fuerza, como si quisiera fundirse con el rubio en un solo ser, sin querer soltarlo jamás.
-Estoy seguro de que serías muy capaz de seguir adelante sin mí, mi amor, eres muy valiente Kaya, muy valiente y estoy muy orgulloso de que me ames, de que me hayas aceptado pese a lo mal que te traté al principio, quiero que sepas mi dulce prometido que moriré por ti si es necesario, y que espero que aceptes ser mi esposo en la ceremonia que, tal y como le he pedido, Atsushi se ha comprometido a oficiar cuando nos encontremos con su familia.-
-No creo merecer lo de valiente, pero tienes razón en una cosa, te amo y seguiré adelante por ti ocurra lo que ocurra en el futuro. Si quiero casarme contigo cuando nos encontremos con el clan Sakurai, quiero ser tuyo por toda la eternidad, porque mi corazón siempre te pertenecerá mi pirata, mi capitán, mi amor.-
Con lágrimas en los ojos Kamijo lo hizo salir del camarote, mostrándole el cielo del atardecer, límpido, de un brillante tono carmesí.
-Bienvenido al mar de China mi amor, este es mi regalo de bodas, todo un mar que conquistaré para ti.-
Kaya se echó reír emocionado y le abrazó, aunque una parte de su ser no pudo dejar de pensar en la princesa, pues el rojo era su color, y se preguntó lo que el bello rubio de rizos de oro estaría haciendo en aquel instante, realmente deseaba que viera la boda.
Mirando el rojo amanecer que se producía junto a las costas del Virreinato de Nuevo México Hizaki sonrió envolviendo su cuerpo en una delicada prenda de muselina rosada que mostraba sus bellas formas más de lo que las ocultaba para deleite del hombre que se le acercó por detrás pasando sus cálidas manos por sobre sus hombros causándole escalofríos, giró su cabeza recibiendo un casto beso en la mejilla, y es que el hombre aún guardaba sus modales, pero la hermosa y pícara princesa iba a conseguir que pronto los perdiera, entonces Hizaki se giró hacia Asagi dándole uno de los besos más apasionados que ambos habían vivido en sus cortas vidas. Cuando cayeron sobre el suelo de la pequeña embarcación que tripulaban esta estuvo a punto de volcar, pero a ninguno de los dos les importó solo se entregaron a su amor.