domingo, 5 de febrero de 2012

¡¡Piratas!! (XI)


Capítulo 11: La tormenta perfecta I


Kaya se sujetó el vientre llorando de emoción cuando sintió la primera patadita de los bebés y se sentó como pudo en la cubierta, después soltó el obi dejando que la yukata se abriera ligeramente, lo suficiente como para poder tocar directamente su propia piel notando más cerca los suaves golpecitos en el borde de su abultado vientre, se limpió las lágrimas solo para sentir como nuevas tomaban su lugar, mojando su cara de nuevo, mientras tanto a su alrededor los marineros no podían evitar girar su cara para observar al hermoso doncel cuyo embarazo solo conseguía hacerle ver más especial y hermoso, al cabo de un rato se acercó a él Jasmine con una sonrisa radiante arrodillándose a su lado, le agarró los suaves dedos con delicadeza para retirar su mano para poder acariciar él mismo la suave piel en un gesto de ternura que llenó de emoción tanto al bello doncel rubio como a Yuki que observa a su amor con una sonrisa, Jasmine sintió que se emocionaba al notar las pataditas de aquellos piececitos diminutos, después ayudó al embarazado a levantarse, sujetando la yukata para que no se le abriera, evitando así, que mostrara su desnudez, lo condujo suavemente hasta la proa hasta llegar casi a la altura en que el moco estaba atado al bauprés, ambos se sentaron en la baranda bien sujetos a los cabos para no caerse, dejaron sus pies colgar sintiendo las salpicaduras de agua salada mojándolos y refrescándolos, rieron sintiendo el viento hacerles cosquillas mientras el hermoso joven de rizos cobrizos pasaba su brazo izquierdo por encima del hombro del prometido de su hermano, adoraba a aquel bello rubio de ojos cobalto que había conseguido ganarse con su dulzura el corazón de Kamijo.

-¿Sabéis ya que nombre vais a poner a los pequeños cuando nazcan?-

Kaya le miró con la sorpresa brillando en sus ojos, lo cierto era que ni Kamijo ni él se lo habían planteado aún.

-Pues todavía no lo hemos pensado, aunque supongo que sería algún nombre francés, pero claro depende de si son niños o niñas.-

Jasmine asintió sabiendo que el hermoso joven embarazado tenía razón, aunque ya tenía algo en mente para sorprender a su hermano, era lo menos que podían hacer recordando el apego que había tenido por su madre cuando había sido un niño, de hecho era un buen tributo a la mujer que lo había cuidado pese a que era el hijo de la amante de su marido, la mujer siempre había sido un ángel para él y se lo merecía. Por un único segundo el hermoso doncel de ojos de chocolate comenzó a pensar en lo que le había cuidado tras la pronta y repentina muerte de su madre, él siempre se había sentido solo cada vez que Jade se marchaba en alguna misión para su padre, François Kamijo pero al saber que iba a volver se consolaba, aunque también ayudaba la presencia de su hermano mayor, pero una vez que la bella Jade de mirada verdosa falleció fue la verdadera señora Kamijo quien, con sus largo cabello castaño y sus ojos melancólicos pero valientes, se ocupó de él como si fuera el fruto de su propio vientre. Suspiró dándose cuenta de que había dejado de lado a Kaya que lo miraba con la curiosidad reflejada en sus ojos azul cielo, le colocó la mano en el brazo con un cariñoso gesto y sonrió.

-Perdóname Kaya me he perdido en los recuerdos, creo que si hay una niña deberás llamarla Laura, pero no le digas a Kami que te he dicho nada, haz como que ha sido idea tuya.-

El hermoso jovencito sonrió, aquel nombre sonaba muy hermoso, le gustaba, aunque no había entendido muy bien por qué había dicho aquello su acompañante.

-¿Por qué dices eso?-

-Laura era el nombre de su madre, la quería mucho porque fue quien le crió, y a mí también, nuestro padre solía pasar largos periodos navegando en este barco y no tenía tiempo para nosotros.-

-¿Tú no eres hijo de la misma mamá que Kamijo?-

Kaya le miró asombrado, en el ambiente en que él se había criado reconocer que se era bastardo era una de las mayores vergüenzas a las que un joven podía exponerse, pero el fuerte doncel pirata en aquel momento lo miraba extrañado ignorando el mar profundamente azulado que parecía correr bajo sus pies, y es que para el de rizos castaños las relaciones extramatrimoniales eran perfectamente normales.

-No, mi madre era una sirvienta de Laura, se llamaba Jade porque tenía los ojos verdes, me habría gustado tenerlos de ese color y no oscuros como mi padre…-

Durante un momento se quedó en silencio sin saber muy bien que decir, como continuar, pero no tardó demasiado en hallar las palabras adecuadas de nuevo.

-…Ella era medio india medio española, ¿sabes? Según me contó, mi abuelo era un colono Leonés, por eso soy un poco más moreno que mis hermanos, aunque el cabello lo saqué de mi padre François, espero que mis pequeños sobrinitos también tengan el cabello rizado aunque me gustaría que tuvieran el cabello castaño como Kami y la sonrisa tan hermosa como la tuya.-

Kaya abrazó conmovido al que pronto sería su hermano mayor procurando no moverse en exceso para no caer por la borda, después el mayor acaricio su cabello a la altura de la nuca provocándole cosquillas y haciéndole reír, no pasó mucho antes de que la risa del bello joven de cabello castaño acompañara a la suya, sin embargo al cabo de un rato no pudieron seguir perdiendo el tiempo allí, ya que se internaban en una zona de corrientes y el viento estaba cambiando de fuerza, Kalm sostenía firmemente el timón con ayuda de Teru y Juka que sujetaban con fuerza la vela mayor moviéndola para que el viento no la desgarrara, el segundo de abordo llevó al embarazado al camarote del capitán para mantenerlo a salvo, después retornó a cubierta donde comenzó a guiar a los marineros que comenzaban a trepar por los cabos hasta las velas para afianzarlas, a su lado Yuki guiaba a los que sujetaban las mercancías en la bodega, un mínimo desprendimiento podría hacer que el barco volcara. En medio de la bruma que se había formado mientras se acercaban a las islas de la Trinidad Kamijo desplegó su catalejo tratando de reconocer entre las diversas formas, el navío del capitán Sakurai que iba muy por delante de ellos, sin embargo las olas le hacían imposible ver nada, en apenas unos minutos habían comenzado a inundar la cubierta.

-¡Achicad el agua!! ¡No dejéis que comience a inundarse el Versailles o moriremos todos!!-

Mientras tanto en el interior del camarote del capitán Kaya no podía dejar de llorar, metido en la cama tapado hasta la cabeza, se abrazaba el abultado vientre aterrado, nunca en toda su vida había pasado un miedo tan terrible, entonces la puerta se abrió y el joven sin ver nada chilló asustado, cuando el hombre lo destapó simplemente lo abrazó contra su camisa completamente empapada, los ojos castaños brillaron con fuerza cuando un relámpago iluminó el oscuro día cuyo cielo tenebroso parecía competir con la noche más cerrada, con cuidado le hizo soltar una mano de su vientre examinándolo él con gesto experto, al fin y al cabo era lo más parecido a un médico que había en aquel barco.

-Tranquilo Kaya, los bebés están bien, solo algo revueltos como su mamá, pero son fuertes y no les ocurrirá nada, el tiempo me ha enseñado que hace falta mucho más que una tormenta para quitar de en medio a un Kamijo, y ahí dentro hay al menos dos.-

-Gracias por venir Ryoushin, tenía mucho miedo.-

-En la bodega no tenía nada que hacer pero he recordado que era tu primera tormenta a bordo, la primera vez siempre es la peor, aún recuerdo la mía y te aseguro que no mantuve ni la mitad de aplomo que tu, de hecho creo que incluso manché mis pantalones.-

Kaya simplemente apoyó su rubia cabeza en el hombro del joven que comenzó a acariciar su tripa y su espalda a la vez logrando que poco a poco dejara de llorar recuperando la calma.

-¿Por qué eres tan amable? Hiza-chan dijo que habías tratado de matarle.-

Cuando Ryoushin suspiró tristemente, Kaya se arrepintió al instante de lo que acababa de decir, sin embargo el mayor comenzó a hablar exhibiendo un gesto resignado que nadie vio.

-No importa, es lógico que todos piensen eso de mi, todos lo hacen, lo han hecho siempre, supongo que tendré que empezar desde el principio. –

El joven tomó aire antes de continuar, estaba recordando cosas que hacía mucho que creía haber olvidado.

-Mi padre era un herrador de Manchester aunque por las tardes trabajaba en los astilleros, donde murió tras un ataque pirata, mi madre cosía para una dama de la alta sociedad que vivía en una gran casa al otro lado de la costa, en una zona algo alejada donde todos los ricos habitaban, pero eso no es importante, lo auténticamente importante es que pasábamos hambre, mi madre era explotada por aquella desgraciada incluso cuando perdió a su segundo hijo, y yo no lo podía consentir, o eso creía con mi mente infantil por lo que una noche entré a robar en la mansión con la mala fortuna de que el esposo volvía a casa tras varios meses en alta mar, pero era un buen hombre y me dejó ir con la condición de que me alistara, el capitán Nelson me cambió la vida, consiguió hacerme un hombre, aunque no un caballero.

El problema llegó cuando el Versailles atacó el puerto en que me hallaba destinado, parte de los escombros me atraparon pero un muchacho me salvó, cuando desperté Hizaki-hime me había curado, pero cuando supe lo que era no me pude contener, sabía que él no había matado a mi padre pero el odio era más fuerte que cualquier otra cosa y le disparé a bocajarro con su propia pistola, lo siguiente que recuerdo fue la tortura a la que Kamijo-sama me sometió, sin embargo Hizaki-sama intercedió por mi vida convirtiéndome en su sirviente. Supongo que aún te preguntarás por qué soy amable contigo ¿verdad? Resulta que con todo lo que ha pasado no sé si te acordarás, pero la primera vez que nos vimos me defendiste, entonces me caíste bien y eso no ha cambiado, además eres un doncel embarazado.-

Kaya le sonrió apretando su antebrazo tatuado, lo cierto era que el hombre realmente parecía una buena persona, y se sentía a salvo sabiendo que en la tripulación de su prometido había gente como él. Entonces, cuando la puerta se abrió dando paso a un Kamijo más que mojado, el joven inglés se levantó saludando con un gesto al capitán que le dio las gracias con un leve asentimiento, después el de ojos de hielo se acercó a su dulce amante con una sonrisa pues la tormenta había pasado y el barco estaba más o menos intacto, cuando llegó a su altura el doncel se lanzó a sus brazos susurrándole que tenía demasiado miedo, no solo por los bebés, sino también por él.

-Temía tanto perderte Kami, te amo tanto que no sé qué haría si murieras, no sé si podría criar a los pequeños yo solo mi amor.-

Kamijo lamentó, en ese momento más que nunca, el tener que atender las labores de un capitán, pues debería haber sido él quien consolara a su pequeño ángel y no Ryoushin, pero simplemente lo abrazó con fuerza, como si quisiera fundirse con el rubio en un solo ser, sin querer soltarlo jamás.

-Estoy seguro de que serías muy capaz de seguir adelante sin mí, mi amor, eres muy valiente Kaya, muy valiente y estoy muy orgulloso de que me ames, de que me hayas aceptado pese a lo mal que te traté al principio, quiero que sepas mi dulce prometido que moriré por ti si es necesario, y que espero que aceptes ser mi esposo en la ceremonia que, tal y como le he pedido, Atsushi se ha comprometido a oficiar cuando nos encontremos con su familia.-

-No creo merecer lo de valiente, pero tienes razón en una cosa, te amo y seguiré adelante por ti ocurra lo que ocurra en el futuro. Si quiero casarme contigo cuando nos encontremos con el clan Sakurai, quiero ser tuyo por toda la eternidad, porque mi corazón siempre te pertenecerá mi pirata, mi capitán, mi amor.-

Con lágrimas en los ojos Kamijo lo hizo salir del camarote, mostrándole el cielo del atardecer, límpido, de un brillante tono carmesí.

-Bienvenido al mar de China mi amor, este es mi regalo de bodas, todo un mar que conquistaré para ti.-

Kaya se echó reír emocionado y le abrazó, aunque una parte de su ser no pudo dejar de pensar en la princesa, pues el rojo era su color, y se preguntó lo que el bello rubio de rizos de oro estaría haciendo en aquel instante, realmente deseaba que viera la boda.

Mirando el rojo amanecer que se producía junto a las costas del Virreinato de Nuevo México Hizaki sonrió envolviendo su cuerpo en una delicada prenda de muselina rosada que mostraba sus bellas formas más de lo que las ocultaba para deleite del hombre que se le acercó por detrás pasando sus cálidas manos por sobre sus hombros causándole escalofríos, giró su cabeza recibiendo un casto beso en la mejilla, y es que el hombre aún guardaba sus modales, pero la hermosa y pícara princesa iba a conseguir que pronto los perdiera, entonces Hizaki se giró hacia Asagi dándole uno de los besos más apasionados que ambos habían vivido en sus cortas vidas. Cuando cayeron sobre el suelo de la pequeña embarcación que tripulaban esta estuvo a punto de volcar, pero a ninguno de los dos les importó solo se entregaron a su amor.

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